Casi te cojo la mano para impedir tu retirada, sinceramente, me costó improvisar palabras en el orden perfecto para llamar tu atención, para que nuestra charla no quedara en eso, en una conversación cordial más.
No sé el porqué, pero estábamos cerca del mar, o al menos del agua. Quizá en un viejo pantano donde el día lo inunda en balas y soldados en el mundo de mis videojuegos. Sí, la casa estaba en el mismo sitio donde siempre, aunque situada en un país donde no se habla nuestro idioma y tú, acudes fiel a nuestra cita cada cierto tiempo, las cuales se acaban siempre con el sol de la mañana.
Me confunde verte, pero me alegro, a ratos volvemos a sonreír como años atrás, eso sí, yo siempre te miro de distinta manera. No sé si porque desde pequeño fui advertido de cómo sería en esto del amor o simplemente porque eres la persona a la que más le escribí, que no mejor, a pesar de que sea difícil de creer.
Me sigue deslumbrando tu pelo, quizá tu sonrisa y no sé porqué, pero siempre siento cómo arde a fuego lento un trocito de mi corazón cuando te veo, es extraño, lo sé. Puede que ésta sea la chispa que hace prender nuestros ojos cuando estos son mirados por los amores platónicos.
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