Como cada día catorce, acudo raudo y puntual a nuestra cita, a nuestra partida de cartas.
No me has llamado, no hemos quedado, ni siquiera das señales de vida, pero esto se ha convertido ya en una dura y cruda costumbre.
Llegué el primero, como todos los meses, aunque es sabido por todos que la partida no comenzará hasta que no estemos ambas parejas, hasta que no estemos los cuatro.
Poco a poco se han ido poblando esos desgastados taburetes, yo ya llevo un rato barajando y casi por inercia, empiezo a repartir las cartas bajo la fiel mirada de la tristeza que yace inmóvil en una vieja mecedora
Como era de esperar, a la nostalgia volvieron a salirle los dos comodines y el as de corazones; a la soledad, el rey de los mismos y la reina de picas acompañados de otra carta cualquiera que tiene menos valor del que empiezan a tener estas citas.
Yo levanto mi primera carta y una vez más, veo la sonriente cara del bufón,. Creí haberla quitado al barajar, pero cuando alzo la mirada para decírtelo, tus cartas siguen intactas en la mesa.
Tú no estás, no tengo pareja y vuelvo a perder otra partida...
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