30 de abril de 2009

Abril...

Decimocuarta vez que me pongo frente al bloc de notas a escribir en este mes y es que ya se sabe, en abril, melancolía mil.

Partí, rumbo a ninguna parte, dirección al misoginismo que raya frontera con el antisocialismo que cada día siento más cercano. Por el camino, dejé atrás el cartel de la felicidad, el cual no indicaba en kilómetros, sino en meses.

Me exilié en la periferia, sin compañía, últimamente me estoy acostumbrando a la soledad. Soledad que en este caso es compartida con un pequeño grupo de murciélagos recién despertados de su sueño diurno y tenues luces que completan el fondo de un cuadro gris.

Puedo vislumbrar alguna estrella a lo lejos, aunque sin prestarle más atención de la que merece pues me pongo a pensar en los días en los que repasaba la constelación de tus lunares. De poco me sirve el exilio si me acompañas a cada sitio que voy.

Por un instante, rocé con la punta de los dedos el ascetismo, pero al final, termino asumiendo mi papel, dándome cuenta de que por cada día que te amé, te estoy odiando tres, cariñosamente, claro. Sabiendo que el resultado de las cuatro letras de la palabra amor, sólo puede darse juntando las letras de "tú" y "yo".

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