Podría persuadirte y convencerte para que volvieras, podría haber fingido y mirando para otro lado habiendo hecho como si nada hubiera pasado.
Podría contar en segundos el tiempo que tardo en acordarme de ti cada mañana y podría hacer que tu liguero caducara en mi boca si me lo propusiese, pero no me apetece.
Sí, siempre confié demasiado en mis posibilidades, cayendo sobre ellas alguna que otra vez, pero no tardé en alzarme entre dieces.
Por momentos noté como me desabrocharon las arterias del corazón como cual flor deshojada, me sumergí aquí, en el bloc de notas, fosilizado en esta butaca escribiéndole a no más que pronombres personales.
Abriéndome al exterior, a ver si alguien era capaz de llegar al interior de esta sonriente fachada, me importó poco la poesía, la prosa y los pensamientos distantes. El problema viene en días como hoy, en los que intento ser yo mismo y comprendo que tú, eres la tinta de esta arañada máquina de escribir...
No hay comentarios:
Publicar un comentario