22 de mayo de 2009

The love team III

En un atisbo de incertidumbre y valentía se postraron ante ellas, indefensos como cual guerrero sin escudo, a la espera de que fueran dictadas sus sentencias.

Se les acusó de amarlas incondicionalmente, de no cesar en su empeño por llevar sus enamoramientos hasta límites insospechados.
Juzgados por el tiempo, el mismo que se encarga de no dejarlas caer en el olvido, fueron asumiendo su pena uno a uno.
Condenados por quererlas en demasía, por recordarlas cada día, culpables de enlazar las mejores poesías con la prosa más vanidosa en las noches locas, por seguir mirando sus fotos sin médicos ni recetas, condenados a cadena perpetua.


Ellas ni se inmutaron, probablemente porque fueron incapaces de sentir lo que un día arrebataron. Porque se mantienen frías, sin percibir la idealización que se ha creado entorno a ellas, porque realmente, tampoco son tan buenas, o eso han demostrado.

Caerán en otros brazos, besando a cualquier idiota, mientras ellos pagan a plazos el préstamo de una vida rota.

No hay comentarios:

Publicar un comentario