Vivo en crisis, no crisis económica como la de la Unión Europea, ni de valores, como la de la gran masa social, sino emocional. Tan fácil es salir de ella para algunos, como lo es de difícil para otros.
Ya pasaron los tiempos de salir con un preservativo en la cartera, viviendo mi mayor apogeo personal, espero que en una noche ninguna sea capaz de caer en mi tela de araña, más que nada porque la tengo a medio tejer y solamente seguiré con ella en compañía de quien esté dispuesta a ello y eso, lleva su tiempo.
A ratos me gustan todas y ninguna, podría enamorarme físicamente siete veces por semana y llegar a odiarlas a todas en menos de cinco minutos simplemente charlando con ellas, cruzando una mirada o saboreando sus gestos.
No hay nada peor que vivir más por lo que se fue, que por lo que se es. Debemos dejar de pensar que aquella persona fue lo mejor que nos pasó en la vida, porque no hay duda alguna de que lo mejor está por llegar. Dejar de disfrutar más las noches que los días. Así que, estamos en la obligación de no forzarnos e intentar no obligarnos a sentir.
Recordad, los amores perdidos son como los esguinces, o los curas con tiempo y calma, o cada vez que venga un temporal te acordarás de ellos.
¡Felicidades!
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