Últimamente no entiendo demasiado los caprichos del destino.
No sé si el cambio de mi sonrisa por la suya fue un trueque con ella sin más o simplemente fue conmigo mismo, fruto de la decepción que dejaste aquí.
Quizá fui mi propia víctima y por eso sonreí. Porque no he vuelto a poder soltar un verso que no escupiera odio, porque al final del todo te limitaste a soltarme un "Gracias" como el que te da cualquiera cuando te devuelve el cambio, pero tú no me devolviste todo lo robado. Porque aquel día en el hospital anduve jodido, ya ves, yo con cólicos y tú con mongólicos, por todas las noches de insomnio que llegaron a hacerse eternas o tal vez simplemente fuera porque cada vez que pienso en ti me viene a la cabeza la estúpida frase "Siempre os quedará París". No sé ni qué significa, quizá no tenga sentido, puede que sí, lo único que sé es que sea lo que sea yo no soy partícipe de tal dicho o acto, y la verdad, con el tiempo seguro que lo agradeceré.
Lo agradeceré aunque me siga matando lo de cruzarme con tu olor cada día por la calle porque si hay algo que me tranquiliza es que ese bote azul olía distinto en ti que en cualquier otro ser humano, llevaba tu esencia, y es algo que hoy, vuela lejos de aquí.
Probablemente sí, fuera una risa irónica.
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