13 de febrero de 2009

La magia de los sueños

Es curioso.
No siempre se sueña, o quizá sí, pero no siempre se recuerda.

Es de admirar cuánto podemos llegar a abarcar o sentir durante los sueños, muchas veces cosas sin sentido o cosas que no sabemos ni por qué las soñamos, otras veces, dejan al descubierto nuestras mayores carencias y nos ofrecen eso que sólo en ellos podemos tener y lo que ni una vida entera podría darnos.

Soñé contigo toda la noche y me jodió, la verdad, como cada sueño estábamos cerquísima y ambos sabíamos que quedaba magia pero me desperté, creo que es la primera vez desde hace años que me sentí así al soñar contigo.

No había que darle más vueltas, sólo había sido un sueño más.

Pero llegó la tarde y una interminable siesta me volvió a adentrar en ese mundo ficticio. Soñé con ella toda la tarde, con su mirada perdida en mil vivencias, con su heredad cara de haber dormido poco. Tal vez no había la misma magia que contigo, tal vez aún sea pronto, pero sonreíamos, bromeábamos, algún acercamiento que otro y esas miradas cómplices que se adueñan de los principios de cada relación. Volvía a ser feliz.

Y es poca la gracia que me hace lo de empezar a soñar con otras personas y sobre todo, sueños de ese estilo, pero la verdad, todo lo que no sea soñar contigo, bueno es. Cualquier sueño será bien recibido y si es con ella por lo menos sé que no es una infame y si lo acaba siendo, cosa que puede suceder, en un principio le daré el beneficio de la duda, como a cualquier persona. Se lo merecen.

En resumen, hay muchos días que no sueñas y días en los que eres capaz de soñar dos veces y ser feliz por un rato, aunque sea con dos personas distintas, varias experiencias. Grandioso, pero bueno, supongo que a veces los sueños, sueños son.

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