Y de repente, apareciste.
Como siempre, tu sonrisa me hipnotizó. Creí que no podría negarme pero me harté de valor. Te sorprendiste al verlo, yo ni me inmuté.
Cerré de un portazo sin apenas contemplarte. El acelerador me llevaba a una eterna agonía, a la vida sin ti; el freno me devolvía a un mundo feliz, pero también lleno de falsas promesas y al cuento de nunca acabar.
El brusco sonido del embrague con el cambio de marchas retumbaba en tus súplicas, la inyección del motor cortaba a tu arrepentimiento y yo como si nada, haciéndome el duro pero en ruinas por dentro.
Y ahí acabó todo. Menos mal que sólo apareciste por mis pensamientos. Todo fue un mal pensamiento y yo, divago sentado en un banco esperándola a ella viendo pasar el mundo. Inmóvil, atónito, a ver qué depara una nueva tarde...
1 comentario:
Las chicas apestan, tío. No traen más que problemas, por eso yo me he hecho floro (pasivo). Unos minutos de dolor en el diodenal de cuando en cuando y fuera.
Publicar un comentario