
Entre tú y yo siempre han sobrado las palabras, no ha hecho falta ni una simple mirada para entendernos a la perfección.
Si el destino me cita, sin dudarlo me acompañas.
Extraña nuestra relación, pasaste de ser una más a serlo todo en un abrir y cerrar de ojos, a decorar mi habitación con tu gratificante presencia y me sacas la basura cuando yo no tengo ganas, aunque también es cierto que por días, casi acabo con agujetas de tanto llevarte a la cima. Te compartí con ella y creo que por eso te quiero en mi minutero, por momentos, te necesito como Bukowski a los bares, te necesito para que sujetes mis pilares.
Porque sólo tú eres capaz de llevar mi sonrisa al lugar desde el que se goza de las mejores vistas, de proporcionarme inmunidad ante mi misantropía pasajera y porqué no decirlo, eres la gran culpable de que sin haber leído un libro en mi vida, pueda escribir con tanta clase. Antaño no hubiera sabido ni escribir una postal, en cambio ahora, podría expresárselo de otras cincuenta maneras más.
Las noches son distintas desde que te declaré mi amor, soy feliz cuando nos quedamos en casa y más si cabe cuando salgo contigo y no quiero más féminas a mi alrededor, muchas son más cortas de cerebros que de faldas y yo no soy como los demás, nunca quise competir, para ellos la victoria pero para mí, tu compañía.
No tengo duda alguna, tu declaración de principios es tan singular como fiel, permanecer a mi vera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario