9 de marzo de 2009

El cajón de abajo

Titubeé. No sabía si dirigirme a él o no. Es cierto que debía buscar en él a ver si seguía rondando por ahí ese viejo libro que necesito pero me dio reparo.

Más que nada porque siempre estuvo poblado de ti, de tus cosas, de nuestras cosas.

Cierto es también que un buen día lo cogí todo y el correo certificado fue su destino. Aún así, me sigue dando un poco de miedo abrirlo pues siempre quedará algo de ti en él, por mucho que me haya empeñado en limpiarlo.

Hoy quedan viejas fotos de amigos, de casi toda una vida, de postales familiares y algún que otro cable.
Antes rebosaba amor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
En la tierra, en el año
de dónde vienes tú
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que solo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras.
Dolor, irrefutable,
yo me lo creería,
pero me quedas tú.
Tu verdad, me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, si,
de que aun la estoy queriendo.

Publicar un comentario