Te vi por mi prosa barata
mientras echaba de menos
hundirme en esa resaca
tan dulce de tu veneno.
Hoy, tus besos sosiego
durante el brillo lunar
y caigo sobre tu cuello
a la hora de despertar.
Deteriorándome cada día
confío en tu prudencia,
y me refugio tras la poesía
que delata mis carencias.
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