Donde se es feliz en la ignorancia.
Donde apenas recuerdo, donde temo recordar.
Donde me veo en mi pubertad, con las dudas e inquietudes dignas de cualquier joven, donde todo lo que pasa te deja su huella tatuada.
Donde no me lanzo y dejo que me beses, torpe de mí y me ayudas a madurar.
Donde me canso de todo y salgo a ver el mundo y me topo con ella acompañada de él, en el mismo momento, el mismo día aprendiendo a querer.
Donde me canso de echarte de menos y expandes el enero durante más de un año.
Donde me harto de beber, de salir y me consumo cada día un poco más en tu ausencia.
Donde me llamas y acudo a quererte para siempre.
Donde te marchas y me obligas a seguir perdido por el camino que tú me marcaste.
Donde con frecuencia las noches me llevan a ti y me pierdo en tu sonrisa, en tu pelo, en tu mirada, mientras tú no me quieres.
Donde me pregunto qué coño ha sido de lo nuestro.
Donde aprendo a no saber vivir sin ti.
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