Siento que llego tarde mientras sigo lamentándome de las decisiones tomadas y por tomar, fijando la mirada en un anticuado suelo, sufriendo la incomodidad de esta silla de madera.
La incertidumbre me vuelve a presionar en este ciclo lleno de dudas, y si ya de por sí es difícil sumergirse en un presente más llevadero, apareces tú quejándote de la persona en la que me he convertido sin saber que ésto sólo es el resultado de nuestra resta. Tienes razón, he vuelto a beber, pero... ¿realmente importa?
La decepción es víctima de mi exigencia mientras en la película de mi vida se oferta barato el papel de personaje secundario, el de actriz está agotado desde hace algún tiempo y eso, me entristece casi tanto como aquellos portazos de amor que aún hoy sigo escuchando.
Veo a la luna llena de penas, como a nosotros. Tú piensas en él, yo en ella y mientras nos besamos como adolescentes que recorren el camino de la perdición entre azotes de la vida, estregándonos interiormente lo felices que fuimos por momentos pero sonriendo deseándonos fruto de la lujuria.
Aquí estoy dispuesto a aburrirte de nuevo con mis melancolías y nostalgias baratas, deseoso de volver a recitar esa corta y sentida frase prohibida que tanto nos decíamos mientras te sigo buscando. Sí, a ti, dulce asesina de mi amor.
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