30 de agosto de 2009

Volverte a ver

Tampoco fue para tanto el volver a cruzarme con tu oscuro rímel, de hecho, es probable que vuelva a hacerlo pronto.

No pensé, me puse firme. Creo que durante meses le tuve más miedo a la incertidumbre que a ti. Mi perseverancia nunca me permitió actuar con la cordura necesaria y hoy por fin me postré ante ti. No me ha costado demasiado, la verdad, o eso creo, porque no sé si me importas menos o realmente soy yo mismo al que descuido, no sé si he dado un paso adelante o dos atrás.

Sé que preguntas por mí de vez en cuando, yo no dejo de hacerlo ni un solo momento en mi interior, pero claro, se supone que lo de hoy es un avance, por lo que no debería ponerme a decirte estas cosas. Jamás he podido negar que no dejo de pensar ni un día en ti desde que me clavaste tu mirada hace ya algunos años, hace mucho que partiste, pero dentro de mí, sigue arrasando con todo la sombra de tu tornado.

Miro aquellas rocas y me resulta inevitable verte soñando entre mis besos, cuando bailábamos sobre la órbita de la luna o cuando me deslizaba por el meridiano de tu cintura. Es imposible decir que me siento pleno sin aquellos planes que aprendí a echar de menos como nadie, pero claro, me estoy olvidando de ti.

Quizá, incluso algún día deje de escribirte estas cartas sin destinatario...

12 de agosto de 2009

Aquí sin ti

Bonita traducción para usarla de título, sin duda alguna, era casi obligado el vernos las caras esta noche, ¿no?

He consultado el horario una vez más y en cada desfigurado recuadro sobrevive la tarea de echarte de menos, no será hoy cuando me pare a pensar que el tiempo arrasó con todo. Simplemente he vuelto a mirar el teléfono esperando la infidelidad de tus llamadas perdidas, pero tú no escatimas en felicidad como vengo haciendo yo desde hace tiempo...

El amor es un prostíbulo en el que no me dejan entrar, te lo digo yo, que creí en él hasta que él dejó de hacerlo en mí. Tu cepillo de dientes me mira apenado cada noche desde el mismo lugar de siempre, esperando ser untado en pasta y sacarle brillo a tu sonrisa, pero sus mugrientas y ásperas cerdas dejan clara tu traición.

Si él quiere ser como yo, yo quiero tenerte entre mis brazos, así que sólo si te libera de su piel, le daré el éxito de mis fracasos, pues no hay mayor tortura que el morir por tus besos.

4 de agosto de 2009

Se busca

Siento que llego tarde mientras sigo lamentándome de las decisiones tomadas y por tomar, fijando la mirada en un anticuado suelo, sufriendo la incomodidad de esta silla de madera.

La incertidumbre me vuelve a presionar en este ciclo lleno de dudas, y si ya de por sí es difícil sumergirse en un presente más llevadero, apareces tú quejándote de la persona en la que me he convertido sin saber que ésto sólo es el resultado de nuestra resta. Tienes razón, he vuelto a beber, pero... ¿realmente importa?

La decepción es víctima de mi exigencia mientras en la película de mi vida se oferta barato el papel de personaje secundario, el de actriz está agotado desde hace algún tiempo y eso, me entristece casi tanto como aquellos portazos de amor que aún hoy sigo escuchando.

Veo a la luna llena de penas, como a nosotros. Tú piensas en él, yo en ella y mientras nos besamos como adolescentes que recorren el camino de la perdición entre azotes de la vida, estregándonos interiormente lo felices que fuimos por momentos pero sonriendo deseándonos fruto de la lujuria.

Aquí estoy dispuesto a aburrirte de nuevo con mis melancolías y nostalgias baratas, deseoso de volver a recitar esa corta y sentida frase prohibida que tanto nos decíamos mientras te sigo buscando. Sí, a ti, dulce asesina de mi amor.