7 de marzo de 2011

Abatido

Me puse la mochila, lo cogí y partí como un día más. Todos sabíamos adónde íbamos y cuál era el objetivo de aquel trayecto.
El sueño era más un compañero que un enemigo y las pequeñas tomas de proteínas realizaron bien su función una vez más.

Llegué al final del recorrido, nervioso, pero disimulando como sólo yo sé hacerlo y me pegué a ti hasta que me dieras lo que habíamos fijado con premeditación y alevosía.
Mi mirada se clavó en la figura que me ruborizaba días antes.

Me tumbé, extendí mi saco de apoyo y pude hacer uso del disfrute del suelo embarrado. Los cascos y las gafas que sólo uso cuando es necesario formaban parte de mí ya desde minutos atrás. La lluvia no cesó y manteniendo la respiración, sintiendo cómo se prolongaban las gotas desde mi cara hasta el suelo, hice fuego.

Y te aparté de la vista de cualquiera y te besé, porque lo necesitaba, porque uno se cansa de pasear entre tentaciones de asalto hacia tu silueta. La ocultación no es más que otro de nuestros puntos fuertes, la tentación de cogerte la mano, una debilidad mía.

¡Abatido, objetivo abatido!

No hay comentarios:

Publicar un comentario