14 de enero de 2011

Perro de guerra

Entre la niebla y la incertidumbre climatológica hemos pisado por primera vez esta antigua capital histórica.

Muchos no entienden todavía qué hacemos aquí, inservibles para ellos. Para nosotros ésta no es más que una pasión incomprendida. Sobre el barro cuando reina el sol, de madrugada bajo el agua, siempre con él a la espalda.
Nos cansamos como todos, lo disimulamos como nadie.

Ni la ropa agujereada ni las heridas logran borrarnos la sonrisa con la que despertamos cada noche, pues la luna aún gobierna el cielo cuando abrimos los ojos para emprender la marcha de nuevo. Pasaremos por lúgubres lugares, pensaremos en los nuestros y acataremos cualquier mínima muestra de disciplina.

Llega un momento en el que el equipo es más parte de nosotros que nuestra propia persona, inseparables subiremos montañas, bajaremos a los alcantarillados que se nos dictamine y ello en la plena ignorancia de cuándo llegará otro bocado o el momento de descansar en el saco. Desafiamos al movimiento, al sonido y a la visión, ¿Quién da más?

Dormimos poco, pasamos frío, comemos mal y nunca protestamos, así somos.

10 de enero de 2011

El atajo más largo

Salgo del garaje, sigo recto, sexta calle a la derecha y al llegar a la rotonda me uno a la autovía. Tras unos kilómetros nos desviamos a la izquierda y poco más tarde hacemos lo mismo pero al lado contrario. En apenas unos metros toca decidir... una vez más.

Me dormí enamorado y me desperté abrazado a ti una tarde de esas que se empeñan en desafiar a mi control sobre todas las cosas. El sudor de mi espalda únicamente indica el calor de mi complemento, mi batalla en sueños por retenerte cuando de repente, esa noche cerramos los ojos al unísono olvidándome dentro de ti.

Al volante, dejamos atrás salidas tan absurdas como corazones en burdeles mientras sonrío y tú ni siquiera te das cuenta de lo que sucede pues tu mano anda aferrada a la mía. Yo soy consciente de que cuanto más largo es el camino, más corto es el retorno.

Estás guapísima. Desnuda en mi cama siempre lo estás.

3 de enero de 2011

¿Ganaste, gané o perdimos?

Desperté de mis pensamientos con el impacto de su cuello sobre mi boca, con el caer de su tapón verde que descubrió mi poligamia cervecera.

Ya no sé si cada vez se quiere más o menos, si restamos importancia a ciertos detalles o si abandonamos el romanticismo por costumbre. Las citas suenan como los besos, reales. Y no seré yo quien use un pero detrás de estas palabras conscientes de que tengo tanta razón como dudas has sembrado.

Loco me pierdo entre pensamientos de un melancólico crónico que guarda en silencio lo que hoy asumen sus letras, me gustaría contarte, pero puedo verte y saber que todo sigue como antes, que nada ha cambiado pese a mi trato distante.
Soy así, no puedo cambiarme y sé que tú no querrías eso para mí.

No pretendo confundir ni dilapidarme con escritos polémicos a estas alturas, pero joder, sentirse tan poco comprendido a veces da que pensar. Esas ganas de correr bajo la lluvia, de gritar al volante, de sonreír al asalto no auguran nada digno.

Da igual que lo intentes, es imposible que saque mi verdadero yo en tu compañía, debo repartirlo en pequeñas dosis ajenas asegurándome que nunca serán solapadas en hablares donde algún día seré recordado sin saber que te oculté mi lado más intrínseco.

Quisiera andar y recorrer tras un guiño de ojos, pero sería tan egoísta...