Dame el fusil nueve, tres, tres.
He cogido todo lo que necesitaba, junto con mis ganas y he partido una vez más sin destino, a la intemperie. Me he tumbado tras cavar y he sentido el golpe de olor de la humedad. Gotas de lluvia se adueñan de un cielo grisáceo que poco después dejará espacio para un arcoíris sobre carros de combate.
He vuelto a pensar en ti cuando tras ingerir una nueva ración de comida me he tumbado sobre el polvo a degustar un poco la astronomía que más tarde me perderá entre la oscuridad de una noche consumida a distancia del campamento.
Amanecerá mañana como lo hace cada mañana, con la única diferencia de que yo estaré a la espera rodeado de esos perros mecanizados que se aprovechan de que mi mente sea un arma de doble filo para volverme letal.
Letal cerca de tu boca...
No hay comentarios:
Publicar un comentario