Nunca vi lógico el echarte de menos más tiempo del compartido, como comenzar cada escrito con la última frase y ya van casi un centenar de ellos.
He dormido más tiempo del que estuve despierto, y me he desperatdo raro, no por soñar contigo, pues ya es costumbre, quizá lo punible sería no hacerlo, pero aquí, un servidor aún no se acostumbra a recibir novedades desde donde yace su Excalibur particular.
Absorbido por el remolino de tu demagogia, me senté a escribir sin recordar, sintiéndome más débil en cada calada de vida donde el último suspiro de esta lacia noche y las horas me empujan hacia la cama más lleno dudas y despejado que nunca. Todo podría ser distinto, yo podría ser distinto si me lo propusiese, pero me aburre salirme de mi cuadrícula.
He aparcado las drogas, las mujeres y la bebida centrándome en ser ése que reluce en retratos donde se siente pleno o tiene descuidada la nostalgia, ése que aspira a ser el mejor sin venderse, ése que se equivoca tanto como los demás y luce una amplia sonrisa mientras confunde ego con autoestima por momentos.
De nada por quererte pero la vida pudo ser tan bonita como atardeceres a tu lado, aunque a veces, los palos más duros se los pega uno mismo.
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