12 de junio de 2010

El último suspiro

Este diario, motivo plausible para la gran mayoría, mi cuadrilátero donde pelear contra la resaca, amor y desamor en algunos momentos, mi sala de torturas en los otros.
Mi cura y enfermedad con el paso del tiempo y hoy, condicionado involuntariamente y por lo tanto infiel a mí.

Cada letra que he escrito aquí se ha rendido a lo que un día sentí por ella, desde el primer hasta el último escrito, todos salidos de lo más hondo de mí.
Un noventa y muchos por ciento dedicado a la chica de la que me enamoré un buen día. Aunque nunca citara su nombre, pocos secretos quedan por revelar en este previsible final.
El resto de ellos, para los que sujetáis mi vitalidad y esa estoica sonrisa que me caracteriza.

Bajo el telón de mi escritura temporalmente y se quedan en la palestra decenas de ideas, escritos como: "No me soporto sin ti", "La eternidad de tu sombra", "Música", "Ensaladilla y tortilla", "Yo también fui feliz" o algunos tan típicos como mis carantoñas a niños pequeños.

Yo, alguien dado a la cerveza que un día intentó saciar su sed aquí inculcando su dogmatismo a base de sentimientos. Alguien que ve el mundo -aburrido en la mayoría de los días- tras el verde de sus gafas y una mal cuidada barba que guardan la distancia con la era actual, un iluso más que sigue corriendo detrás de la plenitud, o felicidad (como quiera que se llame) sintiéndose tan estúpido como un "pero" detrás de un "te quiero".

Parece que fuera ayer cuando quería ser mayor y es hoy cuando realmente me siento ese joven soñador que fantaseaba con defender a su amada, pero en el amor y en la vida no es más feliz quien más tiene sino quien más pronto olvida.

5 de junio de 2010

De cualquier manera

Nunca vi lógico el echarte de menos más tiempo del compartido, como comenzar cada escrito con la última frase y ya van casi un centenar de ellos.

He dormido más tiempo del que estuve despierto, y me he desperatdo raro, no por soñar contigo, pues ya es costumbre, quizá lo punible sería no hacerlo, pero aquí, un servidor aún no se acostumbra a recibir novedades desde donde yace su Excalibur particular.

Absorbido por el remolino de tu demagogia, me senté a escribir sin recordar, sintiéndome más débil en cada calada de vida donde el último suspiro de esta lacia noche y las horas me empujan hacia la cama más lleno dudas y despejado que nunca. Todo podría ser distinto, yo podría ser distinto si me lo propusiese, pero me aburre salirme de mi cuadrícula.

He aparcado las drogas, las mujeres y la bebida centrándome en ser ése que reluce en retratos donde se siente pleno o tiene descuidada la nostalgia, ése que aspira a ser el mejor sin venderse, ése que se equivoca tanto como los demás y luce una amplia sonrisa mientras confunde ego con autoestima por momentos.

De nada por quererte pero la vida pudo ser tan bonita como atardeceres a tu lado, aunque a veces, los palos más duros se los pega uno mismo.