28 de abril de 2010

Vía libre

Bienvenida al museo de mis lamentaciones, pasa, tienes la puerta abierta. Que la lumbre sea el fondo de tu mirada.

Regresé al tiempo en el que te volvía a querer aún teniéndolo prohibido, me asaltan tanto locuras como dudas sin haber espacio para la cordura entre dilema y pensamientos. Esta cita, obligada. Creo que fue sano recorrer durante largo rato el río, despejarme, sumergirme en mí y verte, me vino bien.
Aunque es evidente que el Ebro no es el Támesis y correr solo no tiene comparación a hacerlo bajo la dictadura de nuestras manos, no nos engañemos.

Mi estratega me acompaña pues el momento se acerca, quizá el valor se aleje. Tengo la palabra, la frase, el título, el día y el medio. Me faltan tu asombro, respuesta, sonrisa y compañía. Jugar mi última baza, el objetivo o simplemente otro capricho más.
Escribir aquí, una necesidad que vuelve a coger fuerza otra noche más, mala señal.

Ansío escribirte, es una pena que no sepas leerme, algo que todos piensan.

20 de abril de 2010

Si supiera llorar...

Es difícil imaginar dónde puedes estar, qué es de ti o a qué dedicas tu tiempo entre la urbe.

He vuelto a tapar tu hueco en mi cama con la almohada, a diferencia de tiempos pasados me encuentro cómodo cuando despierto en mitad de la noche, cuando veo que en mi calendario no está marcada aquella fecha como día importante, cuando mi inconsciencia me vence viéndote aperecer y me siento incapaz de escribir sacando lo mejor de mí.

Al despertar, he preparado el desayuno ideal para ser devorado por la caducidad y me he quedado solo en el sofá víctima de mi deseo pensando que el amor es algo demasiado grande como para vivirlo en la mediocridad. Mientras, tú danzas perdida, preciosa como la ciudad un día de lluvia que me rinde homenaje y yo vuelvo a escupir mi enfado tras recordar nuestra complicidad.

Si supiera llorar y sacar todo lo que llevo dentro...

11 de abril de 2010

Desnudo

Me pudro en este idilio
al recordarte desnuda
y al llamar a tu cariño
replica sin cobertura.

Tus rosas destiñen color
por orden del minutero
de este triste escritor
con alma de fusilero.

Nostálgico de por vida.
Es la historia de Daniel,
alguien que nunca olvida
que gana y pierde a la vez.