Bienvenida al museo de mis lamentaciones, pasa, tienes la puerta abierta. Que la lumbre sea el fondo de tu mirada.
Regresé al tiempo en el que te volvía a querer aún teniéndolo prohibido, me asaltan tanto locuras como dudas sin haber espacio para la cordura entre dilema y pensamientos. Esta cita, obligada. Creo que fue sano recorrer durante largo rato el río, despejarme, sumergirme en mí y verte, me vino bien.
Aunque es evidente que el Ebro no es el Támesis y correr solo no tiene comparación a hacerlo bajo la dictadura de nuestras manos, no nos engañemos.
Mi estratega me acompaña pues el momento se acerca, quizá el valor se aleje. Tengo la palabra, la frase, el título, el día y el medio. Me faltan tu asombro, respuesta, sonrisa y compañía. Jugar mi última baza, el objetivo o simplemente otro capricho más.
Escribir aquí, una necesidad que vuelve a coger fuerza otra noche más, mala señal.
Ansío escribirte, es una pena que no sepas leerme, algo que todos piensan.