29 de enero de 2010

Te envidio

No sé qué me pasa que últimamente miro más tus retratos que los míos, cierto es que a pesar de nuestro nulo parecido, te veo e identifico al que fui algún día y te envidio por ello, porque tú consigues reencontrarme con mi verdadero yo.
Ése que a día de hoy ya no existe.

Ni siquiera sabes que te leo, que te observo, que siento esa envidia sana, esa admiración por querer así y que ese sentimiento sea recíproco asumiendo un extraño miedo por si no todo acaba saliéndote como debería. Temo por ti pues el amor y las personas no entienden de justicia.

He visto tus fotos y he recordado las mías.
Veo cómo la anhelas y me pongo en tu lugar como si fuera ayer cuando yo sentía aquello, como si fuera hoy, como si es ahora.
He leído tus simples y mal escritas entradas observando cómo parten por la mitad a las mejores de mis metáforas y luego tengo que cruzarme con tu inocencia y hacer como si nada.
¡Mucha suerte compañero!

Se acerca el final...

17 de enero de 2010

Ni supe ni sé querer

Acabo de descubrirme un domingo más desafiando al futuro por instinto, por vicio, rutina pura y dura.

Perdí mis mejores frases entre la sombra de tu pelo, me he visto forzado a sonreír sufriendo mientras me sorprendo ante el espejo una mañana más, una tarde ante el papel u otra noche ante la soledad que cada día considero más imprescindible.

No hay nada que haga frente a este torbellino plagado de indiferencia excepto la tuya. Una mañana de lluvia en compañía de una brújula y el barro es más plena que cualquier gesto o mueca de cariño de cualquiera de los que habitáis fuera del círculo.

Lo que más me aterra de esta situación es que ya no me preocupa esta dejadez crónica donde tengo todo lo que necesito mirando antiguas fotos en una taquilla donde faltas tú.
No sé dar más explicaciones, no me preguntes el porqué, sólo sé el desde cuándo y que ni supe ni sé querer...