23 de octubre de 2009

Y yo aquí...

Te has ido. Aquí me quedo yo, con todos mis objetivos cumplidos, perdido en horas carentes de sueño. Pero quiero más.

Es difícil aceptar que seas, de repente, la primera silueta que pasea por mi mente al alba. Pero aquí, un admirador de gestos, eclipsado quedó por tu sonrisa.

Comienza a parecerme enfermiza la rutina de buscar la fidelidad de tu mirada a cada momento, pero me resulta inevitable.

Ve, bésale y dime qué es lo que sientes, que yo respeto pero no espero eternamente.

18 de octubre de 2009

También lo necesito

Innegable. Imposible evitar una escritura acerca de las ganas que me vencen por momentos últimamente.

Sí, parece que también lo necesito. El respetar tanto cada situación termina por aburrirme cada vez que os veo, cada vez que me siento a añorar tiempos pasados en mi interior mientras exteriormente tengo dibujada la mejor de mis carcajadas.

También me apetece algún día la monotonía que me aburría, los momentos tensos que me llevaban al lloro y a día de hoy me hicieron prácticamente insensible, menos mal que algún pequeño atisbo de emociones me despiertan momentaneamente de este raudo trance de vez en cuando.

He sonreído de día pensando en tu felicidad, de noche disfrutándola a mi lado cada vez que cierro los ojos y seguimos mirándonos de esa forma, parece que nada ha cambiado pero cada amanecer ejerce de guillotina sobre mí.

El mundo está cada día más podrido y yo me consumo reptando entre toses y tu ausencia.

4 de octubre de 2009

Bonito fue quererse

Libre. Es así como me siento mientras una capa de niebla resbala por mi frente, mientras una nueva ráfaga de aire levanta mi labio superior.

La respiración contenida es vencida por las ruinas de mi mirada fija, perdida en el nunca jamás donde algún día me mandaste sin prometerme que volverías a por mí, en el sitio donde yo, solo, empiezo a esbozar sonrisas y a caminar sin ayuda como cual niño pequeño.

Cada abrazo me hace sentirme más querido, cada palmada o cada guiño me hacen sentirme más fuerte bajo el peso de esta cargada mochila repleta de anécdotas y experiencias de la vida. Cada cerveza me depura. Cada disparo me hace sentir un poder del que dudo ser digno de recibir y cada recuerdo tuyo me hace sonreír.

Llegó el momento de recordar lo bonito que fue quererse; sin miedo, sin rencores, donde quizá pronto no haya sitio para ti en esta sala plagada de butacas vacías...